domingo, 16 de marzo de 2014

Nadie me dijo que todo se convertiría en un infierno 2.

¡Hoola! Esta publicación es la continuación de ``Nadie me dijo que todo se convertiría en un infierno´´.


Estaba en la mañana de mi cumpleaños, debería estar feliz pero no era así. ¿Por qué? Pues porque la noche anterior un idiota me lo había arruinado, me pase toda la noche llorando y cuando fuimos a buscar a Javier a su casa por la mañana, no nos dijimos nada.

Todo lo que había sucedido se lo conté a dos amigas mías, las cuales me estuvieron ayudando mucho con este tema y una de ellas, enfurecida con Javier por lo que me había hecho, decidió llamarlo. Cuando este cogió el teléfono, mi amiga le soltó de golpe insultos que le ofendería a cualquier tío, y luego colgó. Así pasé mi cumple, sacando el tema de Javier, no estuvo nada mal pero los insultos seguían. La chica que había llamado a Javier ese día, Lorena, siempre estuvo a mi lado: sacando mis lágrimas y dándome grandes consejos, siempre me decía: ``Déjalo, haz que no te importa el asunto. ¿Crees que a la gente le interesa lo que él diga de ti? Quizás ahora sí porque eres el cotilleo del día pero vendrá algo más gordo y entonces todo el mundo se olvidará de esto...´´ Intentaba hacer caso a sus palabras pero no podía dejarlo pasar como si nada. Me dolía que hiciese todo esto, eran noches llorando siempre por lo mismo y por la mañana intentando sobrevivir. Una rutina cada día, por culpa de estar enamorada.

Un día Lorena se hartó y me dijo que le diese el número de Javier, que le iba a hablar por whatsapp. Y así lo hizo. Se lo recriminó todo, y él muy mal se defendía.

Llegue a mi casa y encontré en el whatsapp (ya tenía móvil nuevo) un mensaje de María diciéndome que Javier le había pedido mi número para hablar conmigo y que estaba muy enfadado. Después de pensarlo mucho tiempo, acabé diciéndole a María que le diese mi número y Javier me habló, me empezó diciendo que de que iba mi amiga yo siempre le respondía que solo me estaba defendiendo de lo que él me hacía. Lo único que hacíamos era echarnos mierda el uno al otro pero  me había tocado bastante los ovarios y la niña inocente que había conocido se fue, dándole lugar a una chica que no le gusta jugar con fuego.

Se lo eché todo en cara, defendiéndome, le dije todo lo que pensaba de él y Javier lo único que decía era cosas como: ``miénteme, pinocho´´. Pero luego me dijo que yo nunca le gusté, que me lo dijo antes (cosa que no era cierta) y yo, harta ya de todo, le dije que me lo dijese a la cara, eso si tenía cojones. A lo que él me respondió:
-El lunes te vas a cagar.
-Muy bien, machote- le dije yo provocándolo.

Llegó el Lunes, estábamos en el recreo María, Layla (mi mejor amiga) y yo.

Estaba esperando ansiosa a Javier y cuando faltaban tres minutos para subir a clase, vino a junto mía.
-¿Lo entendiste?
Y se fue.

Yo me quedé como: ¿Qué acaba de pasar?. Luego tocó el timbre y tuvimos que subir las escaleras y me encontré con él, que subía detrás mía.
-No tuvo sentido- dijo María, refiriéndose a Javier.
-¿Lo qué?- preguntó este, haciéndose el tonto.
-Que no tienes cojones de decirme a la cara que no te gusto- le dije mirándolo.

A esas alturas ya todo me daba igual, solamente quería escuchar de su boca que nunca le había gustado para así seguir con mi vida y no tener que romperme la cabeza pensando en él y sus tonterías.

-Sí- me recriminó él.
-Pues dímelo- le desafié aun mirándolo-. Y aún que me pongas a parir me da igual.
-Ya, claro, seguro.- dijo él con una sonrisa burlona.

Y aún en esos días su sonrisa me mataba, no pude evitarlo y una sonrisa se me escapó. Luego estuve maldiciéndome internamente, ¿Cómo pude sonreírle? Debe parecer que lo odio. ¡Maldito amor!

-Eres un gilipollas y un cobarde- le dije enfurecida para luego andar hacia mi clase sin mirar hacia atrás.

Aunque algo hizo que me girase.

-¡Javier!- grité para que me escuchase.

Cuando se giró no dudé en hacerle el corte de manga, a lo que él me hizo un corazón con sus manos y yo le insulté por lo bajo. Aunque, sin poder evitarlo, mariposas se levantaron en mi vientre. Había momentos en los que deseaba un insecticida para bichos molestos.

Por la tarde, mis amigas y yo nos encontrábamos en la puerta del colegio y es eso se acercó Javier a nosotras.

-Lo de la mañana...- empezó diciendo.
-Que- lo zanjé de forma automática, no quería ni escucharlo. Aunque una duda surgió en mi interior: ¿Ya habrá reunido el suficiente coraje para decirme lo que deseaba escuchar? Sin embargo, ¿A quién quería engañar? Deseaba que me dijese que le gustaba, que sentía algo por mí solo que el orgullo no le dejaba reconocerlo... Pero las ilusiones están para desilusionarse.

-¿Qué me querías decir?- preguntó.

No sabía si darle con mis libros en la cabeza, dejarlo inconsciente y luego que se despertase con las ideas más claras. Pero respiré hondo y volví a explicárselo.

-Dime que nunca te gusté- le dije mirándole a los ojos, a lo que él apartó la vista de mí, mirando así al suelo-. Dime que solo jugaste conmigo en el camping, que fue un tonteo tonto, para pasar el tiempo. Que nunca te importaron mis sentimientos.

Él levantó la mirada y la posó en mí.

-Nunca me gustaste- yo seguía mirándolo, pero cuando dijo esto, bajo la mirada hasta el suelo.

Me quedé callada un momento, asimilándolo.

-Bien.-dije aparentando que no me importaba- Desde ahora tú y yo no nos conocemos, nunca existió el camping, nunca hablamos y nunca tonteamos. No nos hemos conocido, cada uno sigue con su camino sin importarle el del otro ¿entendido?
-Vale- dijo para luego darme la espalda y irse.

Y bueno, yo me quedé parada, viendo como se iba. Preguntándome que iba a pasar ahora.


Espero que os haya gustado, comentar si queréis.
Muchos besos y abrazos de: LBG.